miércoles, 6 de septiembre de 2017


“Y la labor del hombre es sobrenaturalizar a la naturaleza, esto es: divinizarla humanizándola, hacerla humana, ayudarla a que se concientice, en fin. La razón, por su parte, mecaniza o materializa.” – Miguel de Unamuno 
“No existe peor tragedia que saber lo que es correcto y no hacerlo.”  - Martin Luther King

SER VEGANO
- en España -

La casualidad ha querido, como de costumbre, (como si la casualidad fuera un dios mitológico que planea encuentros sin que lo sepamos) que me enfrente a un problema que tenía desde hace tiempo barrido bajo la alfombra. Tal vez haya llegado el momento de plantarle cara, tomar acción. Tal vez sea el momento oportuno para poder tomar acción sin perder demasiado, y además ganar algo a cambio (egoísta que soy). La casualidad ha querido, de la mano de un documental, “What the health”, que retome un asunto que a menudo me ha resultado incomodo, y que, por no complicarme la vida, le he dado la espalda. He corrido un tupido velo para no verlo, con excusas tales como; son cosas de este mundo; yo no me lo he inventado; yo no soy responsable; mucho menos culpable. Pero no es así, puedes hacerte el loco, el sueco, el sordo y hasta el ciego, sobretodo el ciego cada vez que vas a la charcutería del supermercado y compras algo de carne. Está ahí, lo tienes de frente, y yo al menos, no pocas veces sacudía la mente como quien espanta una mosca impertinente para evitar malos pensamientos . Para entendernos bien, a modo de pregunta sería algo así ¿Cómo hemos ido a parar a un mundo que para alimentarnos los humanos tengamos que sacrificar animales? No tenía respuesta. Hay que matar para sobrevivir, dicen, y yo me lo creo. ¿Seguro?

“What the health (2016)” viene a ser el último documental que cierra la trilogía de los tres problemas principales acerca de cómo el consumo masivo de carne conlleva consecuencias nefastas para el planeta, y también para la salud de sus engreídos habitantes, los humanos. Los otros dos documentales son “Earthlings (2005)” y “Cowspiracy (2014)” El primero trata de enjuiciar nuestra ética frente al abuso de los animales. La falta de respeto ante el sufrimiento. Nuestra evidente crueldad para con ellos en las granjas y mataderos durante la cría y su posterior sacrificio. Todo por la pasta, el negocio. No lo he visto completo. Es muy duro y al fin y al cabo ya sé poco más o menos lo que acontece en los mataderos. El segundo documental nos advierte del desastre medioambiental que acarrea el mantenimiento del ganado. Puesto que cada vez somos más y cada vez se come más carne, injustificadamente, se necesita más ganado y esto no parece sostenible. Está constatado que su manutención contamina ya más que los gases emitidos por los coches. Increíble, pero cierto. La desforestación para cultivar alimento para el ganado, principalmente soja transgénica, está pelando el planeta de árboles, amén de la suciedad que el ciclo digestivo del ganado lleva. Y el tercer documental, tal vez más importante por lo que nos atañe directamente, es la repercusión en nuestra salud por comer carne y sus derivados. Algo que la OMS nos está informando tácitamente en los últimos años. 
No creo que todo lo que los tres documentales muestran haga justicia con toda la verdad que uno exigiría. Sí es cierto que cuanto se muestra es verdad pero creo que hay otras verdades que no se muestran. En algunos aspectos sospecho que exageran, sobre todo con la comparativa en calidad de las carnes o el beneficio milagroso de las dietas basadas en plantas contra las enfermedades. El tema da para mucha discusión y yo tras analizar, procesar, asimilar, sopesar y contrastar los argumentos que el equipo de activistas veganos denuncian tengo que reconocer que razón no les falta.

Hemos llegado a un punto en que la sensibilidad está madurando hacia conceptos más clementes con el entorno planetario. Nuestra mentalidad va evolucionando a medida que progresamos en bienestar. Aprendemos a valorar el medio ambiente de una forma distinta a cómo ha sido apreciado por nuestros antepasados. Los tiempos no son los mismos, las necesidades tampoco. La justicia viene ahora acompañada de compasión, de empatía, de altruismo. Ahora, la pregunta que uno debe responderse a sí mismo es la siguiente ¿Si fueras Dios que cosas cambiarías del mundo para que fuese más perfecto? Porque la responsabilidad de cómo funciona el mundo no podemos dejarla caer en manos del azar, ni de poderosas fuerzas que nos vencen o supuestos dioses que callan, menos aún de los gobiernos. Si uno no toma partido en su propio beneficio entonces es cuando sí tenemos lo que merecemos. La ética es nuestra. El futuro de la humanidad también. La salud igualmente nuestra. No podemos quizá evitar una borrasca pero si protegernos de ella gracias a la meteorología. En algo vamos avanzando gracias al conocimiento, con lo cual, algo se puede hacer. Y de ahí, en el tema que nos toca, cabe otra pregunta más ¿Es necesario para vivir sacrificar las vidas de otros animales, cuando se ve y se siente que ellos sufren? Los tiempos no son los mismos y las necesidades tampoco.

Podrás esgrimir muchas excusas para continuar con tus hábitos pero en el fondo sabes que no haces bien. En un país como este, España, donde todavía se juega con la vida de los toros, donde el jamón se glorifica como el manjar por excelencia, donde no hay plato donde no caiga carne, poca cosa queda esperar en favor de un cambio próspero a mejores hábitos alimenticios. Tradición y estulticia siempre se interponen ante cualquier cambio progresivo. La pereza nos vence, nadie quiere esforzarse por cambiar. Otros países no lo tienen más fácil tampoco y si hablamos de culturas religiosas la cosa se pone más fea. Puedo entender que tras una arraigada forma de cocinar y degustar la comida durante tantos años, cueste dar un giro drástico. Puede no ser fácil pero se puede, y hoy en día es mucho más viable que antes.

La globalización ha querido que la variedad de frutas, legumbres, vegetales, hortalizas, semillas y especias sea tan abundante hoy en día como para no aburrirse uno cocinando durante meses. Seguramente quien me lea no habrá probado multitud de alimentos que se exponen hoy por los mercados. Hay miles de blogs y vídeos con recetas veganas en internet. La consabida frase quejica “¿y qué vamos a comer entonces?” ya no es válida. Lo que hace falta es curiosidad, saber un poco de nutrición y, aunque a algunos les sea más difícil, aprender a cocinar. Cocinar al fin y al cabo no es sino un juego de estrategia con los condimentos. Tiene una placentera recompensa si se hace bien y el cuerpo, si lo que comemos es sano, te lo agradecerá. Cocinar es una tarea lúdica. Reconozco que para quienes son esclavos del estrés laboral cocinar sea más bien una traba que no un juego pero si el movimiento vegano próspera se darán más facilidades para acceder a una mejor alimentación a la carta. Todo llegará, como de hecho han llegado las leches vegetales a suplantar a la leche de vaca.

Lo primero es planteárselo y poco a poco que cada cual tome sus iniciativas. Yo por mi parte, ya las he tomado. Mi primer paso es apartarme de toda carne procedente de mamíferos y sus derivados, los lácteos y embutidos. Me cuesta, pero reconozco que aún me mantengo en una zona de confort, puesto que seguiré con la pesca y los huevos camperos de momento. En cuanto a las aves, poco o casi nada van a morder mis dientes. A medida que me vaya familiarizando con las nuevas recetas, la carne irá a menos, y puede que llegue al punto en que desaparezca de mi vista. Soy de momento, si acaso es necesario etiquetarlo, flexitariano. Yo no quiero ser cómplice de este matadero asqueroso durante más tiempo, algo que me cuesta encajar en mis principios éticos.

Ser vegano lleva implícita, también, una protesta que va incluso más lejos de lo que parece. El sistema capitalista de entrada no lo acepta porque pone en la cuerda floja muchas corporaciones y empresas multimillonarias cruzadas, (entre ellas la farmacéutica) que durante los últimos decenios, mantienen la supremacía alimentaria y la sanidad obligándonos, con falacias publicitarias, a continuar con unas costumbres insalubres. Pero por algún lado hay que empezar a corregir estos errores, y lo que supone una crisis para un sector es una oportunidad creciente para otro. Es un problema de reconversión, igual que lo fueron otros problemas sociales.

Hay, además, en la actitud vegana una forma de contemplar el Mundo de una forma espiritual, (sí, digo bien) al contemplar su naturaleza por entero desde un punto de vista más humano, antromorfista. Lo cual nos obliga a considerar seriamente la presencia de todo y sus partes como vinculante a nuestro destino. De ahí la responsabilidad, el respeto, la admiración, y por supuesto, el amor con lo que habita aquí, ahí y más allá de nuestros límites.- AllendeAran


“La pregunta que debe hacerse el hombre no es: ¿Pueden los animales pensar? sino que debe ser: ¿Pueden los animales sufrir?”  - Jeremy Bentham.
 “Primero fue necesario civilizar al hombre en relación con el hombre. Ahora es necesario civilizar al hombre en relación con la naturaleza y los animales.”  - Victor Hugo

“Para amarlo todo, para compadecerlo todo, humano y extrahumano, viviente y no viviente, es menester que lo sientas todo dentro de ti mismo, que lo personalices todo. Porque el amor personaliza todo cuanto ama, todo cuanto compadece.” – Miguel de Unamuno

"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca."  - Heinrich Heine
"Peligroso es despertar al león, mortal el colmillo del tigre, sin embargo el más terrible de los horrores es el hombre en su locura." - Friedrich Schiller


OTROS DOCUMENTALES DE INTERÉS:
- "El Consumo de Carne y sus Consecuencias" Youtube (2013)
- "Veganismo" Youtube (2016) 
 Y PARA CONTRASTAR
- "Clean Eating, The Dirty Truth" BBC Horizon (2017)
- "The Truth About Healthy Eating" BBC One (2016)
Por supuesto, mismamente en Youtube hay docenas de canales de cocina y opiniones sobre el tema. Algunos muy buenos. Que cada cual, si interesado, lo vaya descubriendo por su cuenta.
LIBROS:
- "El Estudio de China" T. Colin Campbell
- "Comer Para No Morir" Michael Greger
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domingo, 13 de agosto de 2017

"De lo hondo de esa congoja, del abismo del sentimiento de nuestra mortalidad, se sale a la luz de otro cielo, cómo de lo hondo del infierno salió el Dante a volver a ver las estrellas."  - Miguel de Unamumo
"¡Oh gente humana, para volar nacida!
¿porqué al menor soplo caes vencida?"
- Dante Alighieri

ARVO PÄRT
JOHN TAVENER

Teniendo en cuenta lo muy desligado que estoy de la Iglesia, de las religiones ortodoxas, me pregunto a veces cómo es que me siento atraído por su arte, principalmente de su música. Se supone que la espiritualidad se evidencia de muchas formas pero es ante el arte cómo más dócil se muestra de acariciar por nuestros sentidos y lo es aún más palpable en las obras religiosas. Ya la historia nos habla de sentimientos fervorosos, de esa espiritualidad decidida a ir muy lejos. Creo que el arte conserva en sus formas, (visuales o sonoras) la energía de quien proyectó sus sensaciones y que éstas se quedan ahí embebidas, sea en una pared, o un papiro, mediante símbolos, imágenes o colores, para quien decida, cuando desee, comulgar con sus obras. Lo que sentimos entonces no es simplemente las ideas del compositor, su pensar o su sentir, sino algo más profundo, algo que la naturaleza exterior expresa y que el compositor supo percibir. Es después que el receptor dejándose llevar por lo que oye o ve, con su propia intuición, puede sumergirse en ese todo entrelazado que parece hablar de la trascendencia del mundo, más allá de su áspera existencia de objetos separados, toscos y sin vida. Ciertamente, y hablando de la música más que nada, el arte nos confiesa que hay un más allá respirando en todo momento.
Por supuesto que hay muchas músicas con las que pasear, mirando al cielo o la ciudad, cada una a su modo expresa distintos ámbitos, pero si buscamos paz, sosiego medieval, retiro en la penumbra y soledad, nada mejor que escuchar a John Tavener o Arvo Pärt. Sus temas corales e instrumentales parecen surgir de horizontes oscuros.  Ahí, donde la luz es escasa, como la que se cobija tras las montañas, entre las nubes o en las noches estrelladas, adviertes que aún quedan destellos de esperanza. Prueba a contemplar la arquitectura interior de iglesias y catedrales cuando escuchas su música sacra. Conecta a la perfección. Prueba a pensar en las galaxias flotando en la negrura espacial. Funciona igualmente bien. Paradójicamente, dentro de la expresividad musical de  Tavener y Pärt, a pesar de ser un tanto melancólica, muchas de sus composiciones te consuelan, te arropan, te acompañan en tu duelo o inquietud ante la vida.
La inspiración de ambos compositores parte de la religión ortodoxa rusa, a la que estuvieron muy vinculados. Por otra parte, han recuperado del pasado estilos de composición antigua, principalmente la  gregoriana, incorporando ritmos pausados y marcando a sus cantos un color nuevo a base de distintos registros tonales. En ocasiones, algunas voces se convierten en prodigiosos solos que superan límites inauditos. El que sus pinturas musicales representen escenas bíblicas no exige que debamos adentrarnos en la misma religión ortodoxa para entender mejor su harmonías. Ni mucho menos que sepamos inglés o latín para entender sus letras. Basta dejarse llevar, abrirse al sonido para situarnos en un entorno donde lo que cuenta es lo  que de inmediato sugiere la música: redención, paz perpetua, esperanza. Se puede sentir la avenencia con Dios, sea lo que fuere que por tu parte crees que Dios es. Creas o no creas. Sólo se requiere un mínimo de sensibilidad.
John Tavener falleció en el 2013 a la edad de 69 años. Arvot Pärt tiene 82. John fue investido “Sir” por el imperio británico y Arvo fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Oxford en 2016. Sus composiciones han aparecido en un montón de películas. Bien pensado,  se les podría conocer como dos celebridades del panorama cultural pop. Pero nada más lejos. Por lo general la música clásica sigue siendo un mundo intrincado para la mayoría y si a eso le añadimos un estilo marcadamente religioso, el asunto se pone peor. No es yo piense que son pocos los que pueden disfrutar de esta música, sino que son pocos los que se atreven a liberarse de prejuicios y gozar de estas polifonías, muy al contrario, muchos disfrutarían de esa beatitud celestial que a menudo nuestra vida estrepitosa necesita. Son, con todo, dos compositores famosos para quien se mueva en el terreno de lo clásico, pero personalmente no conozco a ningún amigo cercano que los escuche.
Deberíamos reconocer que no necesariamente se tiene que considerar uno asceta para entender que la vida merece otra respuesta más allá de la realidad. Los santos y místicos que viven en retiro, a su manera, ponen su confianza en Dios, otros, en la naturaleza y la metafísica, y algunos otros en la física cuántica. Como la misma historia de la investigación demuestra, el mundo se despliega hacia una complejidad inusitada con cada nuevo descubrimiento. Creo, que cada cual tiene su propia razón de ser dentro del contexto que el mundo histórico le brinda. Pero al final, lo que de veras queda de cada indagación espiritual es afín a todos. Si antes fue un Dios bíblico, (aún vivo hoy en día para muchos) ahora caben otras especulaciones que también esconden conceptos de gusto religioso. En esos conceptos encaja la música de Tavener o Pärt. Con ella pareces recobrar algo que el mundo moderno, raudo y estridente, ha perdido. Se trata de una nostalgia por un tiempo que fue o que nunca ha sido, pero en donde la quietud te insinuaba que la eternidad estaba de tu lado.


"Cuando los abismos del corazón humano se abren en lo malvado y surgen esos pensamientos horribles que deberían estar sepultados eternamente en la noche y las tinieblas: sólo entonces sabemos lo que hay potencialmente en el hombre y cómo está constituida propiamente su naturaleza para sí o abandonada a sí misma." -  F. Schelling



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lunes, 29 de mayo de 2017

"...como un naufrago ahogándose a la vista de islas maravillosas, en aquellos mismos mares dorados de violeta de los que en lechos remotos había verdaderamente soñado."  - Fernando Pessoa
"Por más que poseamos un sueño, nunca se posee un sueño tanto como se posee el pañuelo que se tiene en el bolsillo, o, si se queremos, como se posee nuestra propia carne." -  Fernando Pessoa
LA IMPOSIBILIDAD 
DE TODO

Hace unos pocos días una amiga me dijo que la vida te invita a sentir múltiples experiencias bellas. Y le respondí, “Sí, la vida invita a muchas cosas pero al final acabas pagando tú” Le gustó el comentario y me gustó que ella lo entendiera, porque al igual que yo, ella también recibe los latigazos que muchas tentaciones nos azotan a diario, tentaciones que, por ser inconclusas, nos dejan frustrados y tristes. Hay muchos deseos evaporados en la nada, mucho querer y no poder.
Lo que esto empezó siendo un blog dedicado a los encantos de la naturaleza puede girar, de vez en cuando, en confesiones que (sin escaparse de la naturaleza) revelen la oculta verdad de una despiadada vida que mucho invita a degustar, pero a qué precios. Ves la foto de un monte abrupto al atardecer y te dices, “Yo quiero estar ahí”. Ves la foto de una cala azul en las costas perdidas del Mediterráneo, lo mismo, “Yo quiero estar ahí”. De cielos con incontables estrellas en noches glaciares, igual, “Quiero estar ahí” Pero nada de ello se va a cumplir. Sabes que no será posible, a no ser que sacrifiques del todo tu rutinaria y acomodada vida. Ese contrato social que hemos firmado. Todo está demasiado lejos y por todo se paga con dinero y esfuerzo. Se necesitan tantos preparativos para alcanzar ese gran momento que al final la desgana puede con las ganas, "sí, sería ideal pero…” De estas querencias, sueños fugaces, no se libra nadie, y vienen a agredir nuestra tranquilidad a lo largo del día no pocas veces.
Sin embargo, tengo que admitir que algunos sí que parecen haber tenido suerte y pueden contar fabulosas aventuras con las que otros se deleitan al leerlas o verlas en documentales, bien sentaditos en el sofá de sus casas. Algunos han ganado medallas, triunfos y fama, mientras otros, la mayoría, pasarán por la vida sin pena ni gloria. Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, reza el título de una película. Y no es de la fama de lo que precisamente estoy hablando, sino de un triunfo, el que sea, pero un triunfo que satisfaga con holgura lo que con tanto denuedo se desea en ocasiones especiales. Cosas de las que uno se enamora. Eso que de llegar a poseerlo con el corazón podría entenderse como la plenitud de la vida, eso que da firmeza, alegría y seguridad, aunque no dure eternamente.
Porque mira, yo soy uno de esos que envidia todo lo que otros hacen. Envidio a esos entusiasmados viajeros que se recorren el mundo a pie o en bicicleta con cuatro céntimos en el bolsillo, aprovechándose de la buena voluntad de la gente. Envidio a esos que suben montes y aguantan ventiscas, escaladas peligrosas, soles de justicia. A esos que bucean, a los que hacen snow-board, surf, mounting-bike, en definitiva, a todos esos que toman acción y se involucran en el escapismo real, la velocidad, el vértigo. Gente audaz que le planta valor a la naturaleza salvaje. Sin embargo, he llegado al convencimiento de que no valgo para eso, ya por educación urbanita, ya por cobardía, o porque así me lo han planteado las circunstancias que me han encauzado por estos obligados caminos desde la infancia. En fin, que me sobran excusas. Pero bien pensado algo tendré que haber ganado desde mi cómoda postura sentado en el sofá. Porque a decir verdad, la mayoría de esta gente intrépida no toma conciencia del sentimiento romántico que su pasión deportiva podría conllevar.
Asumo entonces, que yo pertenezco más al tipo de acción kantiana, filosofía restringida a su lugar de nacimiento y que de ahí ya no se mueve. Tal como hizo Kant durante su vida, que nunca salió de su pueblo, Königsberg, y mira tú, ha pasado a la historia como un filósofo ejemplar. O quizá sea más del tipo Pessoa, aburrido a ganarse la vida como contable en una oficina sombría, pero que su extraordinaria sensibilidad le condecoró de medallas. Sea como fuere, a mí la vida me sigue pinchando con tentaciones que nunca llegaré a satisfacer y que a ratos me acusan de haber perdido el tiempo. No sé si soy realmente quien debería haber sido. Hay tanto que voy dejando atrás. Tantos cromos que me faltan de pegar en mi álbum Vida y Color.
Continúo admirando montes imponentes que jamás llegaré a subir. Vistas de sabanas rubias en África. Auroras boreales en las noches de Islandia. Templos escondidos en las selvas de Camboya. Castillos españoles erigidos al cielo raso, sin ir más lejos. Todo lo quiero. Anywhere out of the world. Quiero llegar muy lejos, llegar muy alto pero sigo sentado aquí. Por mucho que nos animen a tomar acción, que nos cuenten que otros lo consiguieron, sabemos que lo más bello no se exhibe para que nosotros lo podamos alcanzar, cualquiera que sea su propuesta. Seguimos siendo unos pusilánimes que cómodamente desde la butaca del cine ven la película pero no comparten el protagonismo real de los personajes. Ellos son un mundo aparte.
Cada vez que pienso en cómo cantidad de situaciones deberían encajar con mis ensoñaciones pero no lo hacen, me apago y pienso que la vida es una putada. Es la imposibilidad de todo. ¿Es ingratitud por mi parte por no saber agradecer quien o cómo soy? Con tanta manifestación exhibiendo belleza y diversión por doquier, es lamentable que tengamos que conformarnos con tan poco. Uno se pregunta a santo de qué tenemos que asistir a decenas de tentaciones diarias que nos proponen una felicidad sublime y al final nada de nada. Tentaciones que nos inculpan de no querer participar con alegría y coraje, de nuestra torpeza y equivoco. Aprovechamos mal las oportunidades que nos brinda la vida. Las pocas victorias de las que podríamos jactarnos fueron presa fácil. Poca cosa que no serviría ni para escribir un libro. El resto, lo maravilloso, pasa por delante de nuestras narices sin saludar. A veces es una foto, sitio alejado de nuestras posibilidades de viaje. A veces la nubes, que nunca volverán a repetir su forma mientras arrastran el tiempo. Otras, un cuerpo guapo que no se percata de nuestra admiración cuando camina de frente. Caminos opuestos, predestinados a no encontrarse nunca. Somos igual que islas.  Cien impulsos nos asestan al cabo del día, cien impulsos reprimidos. Te aconsejo que camines cabizbajo para no ver.
De todo el infinito rango de direcciones que el espacio-tiempo presenta, solo hay un carril disponible y de uso obligado para cada uno. Una dirección que parece predeterminada. Queremos tomar otra ruta pero el miedo, la vergüenza, la moral dominante, la falta de recursos o el compañerismo nos lo impide. No somos valientes, y no lo somos porque serlo tampoco es garantía de conquista. Al final la culpa, a modo de excusa, se la echamos al sino, que nunca se adivina. Parecería que alguien se riera de nuestras intenciones. Sabemos que los sueños no deberían guardarse para otra vida. Es aquí donde necesitamos de su verdad. Por eso y mucho más, hay días en que no entiendo nada. Que mis obligaciones no obtengan mejor recompensa, me duele. La monotonía, la insipidez, la desidia, la apatía pueden conmigo.  - AllendeAran
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De cielos con incontables estrellas en noches glaciares
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jueves, 11 de mayo de 2017

"Hay un espectáculo más grande que el del mar, y es el del cielo; hay un espectáculo más grande que el  del cielo, y es el interior del alma” - Victor Hugo
“¡Nada es tan mío como lo es el mar cuando lo miro!”  - Elías Nandino

ACANTILADOS

Hay veces que uno intuye de antemano que un momento puede convertirse en un recuerdo agradable y perdurable en el tiempo. De hecho, soy uno de esos que andan a la caza de momentos excelsos cuando paseo a solas por la naturaleza. Mi instinto enseguida me dice donde uno puede dejarse seducir por el entorno, es decir, donde debe uno quedarse quieto, respirar y pensar en cómo no pensar, porque lo más genuino de la vida descansa delante, en un simple ahora que no presenta mácula alguna. Las ciudades, donde el ruido constante juega al despiste, no son generosas con este tipo de encuentros, por eso conviene hacer escapaditas, cuando el tiempo es favorable, a pasear por el campo, y si no se puede, por parques o playas. Dónde sea, cómo sea, pero fuera de la efervescente ciudad.
Aproveché un bonito día de mis vacaciones para hacer senderismo por los acantilados de Barrika. La primavera se estrenaba a primeros de abril con todo su potencial. Colores brillantes, profundos. Dejándome guiar por los sinuosos senderos al borde de los acantilados encontré un sitio acogedor, alfombrado de fresca hierba y salpicado de margaritas que se abría como una ventana sin encuadre a la inmensidad del cielo y el mar. Aunque apenas había empezado mi travesía y para nada estaba cansado, no quise perder aquel acogedor lugar. Había que descender unos pequeños escalones marcados por los pies de otras visitas. Por lo visto, no era el único a quien le atrajo el paraje. Así, una vez asentado ahí, pude otear la abundancia azulada del mar y el mismo cielo a plena luz del día despejado hasta el infinito. La brisa era refrescante. El calor amistoso. La luz transparente.
Una vez tomé asiento sobre un pedrusco liso, me quedé pensativo en qué debería pensar entonces. Me sentí igual que un rey que escudriñara sus dominios y luego se dijera así mismo, ¿Qué más quieres? Me encogí de hombros. Pensé que era momento para compartir con quien no tenía, momento para regalar a quien más quería. Aquello era una postal para enviar diciendo, ojalá estuvieras aquí, solo o conmigo. Podría haber hecho uso de las ventajas tecnológicas de hoy en día, enviar un foto a cualquiera de mis amigos, pero por mucho que quisiera nada iba a resultar tan auténtico como la verdad del mismísimo instante que solo tenía un dueño; Yo, el único que posiblemente sabía agradecer el encanto de un paisaje inmutable a través de los siglos.  Además, y respecto a mis amigos, no lo merecen. Ya muchas veces les he invitado a venir y una por otra, al final siempre solo, aunque tampoco tenga gran malestar ni resentimiento por ello. Con frecuencia, he abogado que es mejor pasear a solas. Pienso que todo el mundo debería hacerlo para tomar conciencia de la vida en su estado puro.
¿Por qué es tan difícil hacer entender a los demás esto, que hay lugares que nos revelan la propia existencia como si fuese inmortal? No hay nada que temer. La vida parece detenida en el tiempo. Y aun cuando se pueda mejorar este momento y al final se lo lleve el tiempo, sé que es lo mejor que va a sucederme a lo largo del día, y muy posiblemente de la semana. Eso se me constata no ahora sino cuando pasados unos meses o años me acuerdo de ello. Aquel día, me digo, en que descansé frente al mar iluminado de azul, el bramido de las olas al fondo del acantilado, alguna gaviota ingrávida en la lejanía. Cuánto espacio me cabía en la mirada. Y eso es cuanto quiero llevarme conmigo cuando me vaya de aquí. De esta manera, las reflexiones vienen y van. El resto es simpleza, mi respirar, el sonido, los aromas. Sentirse inmerso en el panorama, ser protagonista y, lo que es mejor, llegar a creer que el cuadro que me asiste me agradece incluso la curiosidad que le concedo.
Tras un largo recorrido de casi tres horas, llegué más tarde hasta la playa de Sopelana, fin del itinerario. Luego en casa, exhausto, me pegué una ducha y una buena cena. Y unos días después repetí, pero esta vez acompañado de una amiga, Bego. Más en forma de excursión, nos acercamos hasta los acantilados de Zumaia, muy reconocidos por sus paredes laminadas, el “flysch” que llaman. Las formas rayadas que forman las alturas de los acantilados y el suelo rocoso que descansa en la playa son un espectáculo extraño. Su rareza reside en las distintas capas que se fueron formando en el suelo de los océanos hace millones de años y que tras varios cataclismos continentales emergieron a la luz de la superficie terrestre. Ahora lucen a vista de todos unas murallas que semejan hojas gruesas de libros milenarios, épocas del pasado, unos 10.000 años por capa. Todas contienen elementos micro-fosilizados que narran los distintos cambios biológicos y ambientales a través de sus contenidos estratigráficos, señales geoquímicas, que tuvieron lugar millones de años atrás.  Las capas duras corresponden a periodos fríos y las capas blandas a periodos cálidos, por lo que sé.
A pesar del eficaz recorrido que hicimos por la playa y sus rocas, junto con la visita al pueblo, yo me he quedado con las ganas de volver para alejarme por las alturas de los acantilados yendo hacia Deba. Las variadas campas de abundante verde que ondulaban en la distancia y rincones frondosos de arbusto, me incitaban a seguir caminando, pero habría resultado demasiado cansino, no solo para mi amiga, que me convenció de desistir, sino también para mí, que ya habíamos empleado gran parte del día andando, y también confesar, que yo ya no soy un todo terreno.  -AllendeAran











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martes, 14 de marzo de 2017

CAPTAIN  FANTASTIC
"El propósito de la educación es mostrar a la gente cómo aprender por sí mismos. El otro concepto de la educación es adoctrinamiento”  - Noam Chomsky
“Lo que yo siempre he entendido como esencia del anarquismo es la convicción de que se debe plantear a la autoridad una prueba de asunción de responsabilidad, y que ésta (la autoridad) debe desmantelarse si no puede lograr esa asunción de responsabilidad”  - Noam Chomsky

Anoche vi una de esas películas que se abren al debate por todos los costados, ideal para discutir largo y tendido entre amigos y enemigos; Captain Fantastic. Interpretada por Viggo Mortensen y dirigida por Tim Ross. El tema en cuestión se resume fácilmente, Ben (Viggo Mortensen) es padre de seis hijos que viven en los bosques de Norteamérica, ellos mismos se abastecen con casi todo lo necesario para vivir, pero un buen día tienen que volver al mundo “civilizado” enfrentándose con no pocos problemas de adaptación. La idea es más bien educativa y parte de premisas pseudo-hippies y claras posturas anti-sistema, que cuestionan, principalmente, la valía del capitalismo descarado de Estados Unidos, así como las religiones dominantes. Vamos,  el tipo de sociedad consensuada en la que prácticamente han caído la mayoría de los países del mundo entero. Parecería que la sombra de Henry David Thoreau campeara detrás de cada una de la proposiciones planteadas en el film, si bien no se le menciona en ningún momento, mientras que al contestatario de Noam Chomsky se le alude en más de una ocasión. La película en sí va enfocada a cómo deberían resolverse los errores entre una política esclavista por la producción desenfrenada, su mala educación y ciegas creencias religiosas que hoy rigen la sociedad, y entre la postura marginal al que se somete la familia para no caer engullida en este círculo vicioso. El problema no es fácil y viene de muy lejos, principalmente desde la revolución industrial,  y que está derivando en la flamante revolución tecnológica que se nos viene encima. 
En mi opinión, (y en parte también por lo que expresa la película) la mejor forma de atajar el problema es mediante la educación. ¿Qué problema hay? El de la alienante sociedad que se ve empujada a colaborar por un sistema ciego a los valores esenciales de sus miembros, donde lo que prima es el dinero y la codicia a todos los niveles. ¿Cómo mediante la educación? Corrigiendo esa falta de valores desde la crítica. Aprender a  entender el puesto que al hombre le conviene en este mundo es tarea filosófica y ética. Eso exige pensamiento, y eso es algo infravalorado en las escuelas (amén de la expresividad personal que vendría representada por las artes, otra cualidad infravalorada por la educación). Saber pensar por uno mismo no le conviene a las grandes corporaciones que dirigen el rumbo social al que estamos sometidos. Así, durante la película asistimos a varias puyas contra este sistema y que van, desde el desmedido progreso que se auto-complace en el consumismo, hasta lo que comemos, el modo de emplear el ocio, las religiones organizadas que no aceptan otras creencias, el pudor ante el desnudo, el miedo ante la muerte, y sobretodo, y esto es lo que más denuncia el film, la falta de juicio que apenas inculcamos en la educación de nuestros hijos. Por lo que, tal vez en el futuro, no debíamos asustarnos si los cuervos acabaran por sacarnos los ojos.
Huir a los bosques no es una solución acertada, ni para una familia que se lo pueda permitir, como en el caso que nos presenta la película. Primero, porque volver a los inicios primitivos nos llevaría a cometer los mismos errores de nuestros antepasados. Segundo porque seriamos una minoría a ser aplastada pronto por la apisonadora capitalista. Al enemigo no conviene darle la espalda. Lo mejor sería que hiciéramos entender a quienes nos vayan a relevar en el inminente futuro que nos pueda quedar, cuáles son los valores que mejor glorifican al hombre a su paso por el mundo. Y aunque no voy a entrar en detalladas explicaciones por defender esos valores, sí quiero hacer hincapié en que el peor de todos los errores que cometemos es la de vivir sin pensar, vivir a lo tonto, que se dice, esclavizados al puro hedonismo, ese que directamente mejor deleita al ego. Debemos aportar creatividad. Se trata de co-operar con el entorno creando no sólo para nosotros sino para el entorno mismo. Que al fin y al cabo es lo mismo, como entrelazados que estamos con el Todo.
La solución, como decía, no pasa por volver a la naturaleza salvaje. Tarea más fácil sería traer la naturaleza a las ciudades pero aún resulta difícil hacer entender a muchos la importancia de sentirse rodeados de hierba, árboles, flores, piedras y toda la parafernalia caótica que compone la naturaleza. Mal andamos cuando todavía algunos se preguntan cuál es la necesidad de que haya que plantar más árboles en las ciudades. Por desgracia, yo vivo en una de esas asfaltadas urbes de color gris. Los pocos árboles que decoran los paseos son raquíticos. Los parques han ido menguando mientras las carreteras han ido creciendo. Las ciudades se están diseñando para los coches sin tener en cuenta las necesidades de los animales. Cada año que pasa la falta de mariposas revoloteando por el aire se hace más evidente. El canto de los grillos durante las noches de junio ha desaparecido. Las flores quedan confinadas a los tiestos. La gente cuando habla de primavera está hablando de moda. Quedan algunos pájaros todavía, sí, gorriones, palomas. Quedan algunas nubes. Y si alguno se piensa que estoy hablando de poesía, siento decirle que se equivoca.
Volviendo a la película “Captain Fantastic”, me ha hecho considerar las razones por las que los hippies se fueron desvaneciendo. Seguramente algunas mentes espabiladas ante el temor de que la revolución fuera demasiado lejos reintegraron las drogas para mantenerlos entretenidos en otros placeres, (aparte del amor libre) del tal forma que les hiciera pensar menos.  Además, la falta de dinero es siempre un freno para cualquier tentativa por desestabilizar el poder. En fin, que los ricos siempre ganan. Y al final las buenas ideas se quedan impresas en libros, para unos pocos "engreídos" intelectuales a los que les gusta soñar con otro mundo mejor, alejados de este.
De las religiones organizadas, las llamadas positivas, y en especial el cristianismo, al que se alude de forma mordaz en la película, creo que aún mantiene sus virtudes a considerar, y que no difiere en nada del resto de los predicados de las otras religiones, ni tampoco de la ética conocida. Es quizá en el matiz del más allá donde la brecha queda abierta y ahí cada cual resuelva sus dudas como le plazca, eso sí, que sea respetado. Porque de la muerte mucho se habla pero nadie sabe más que los propios muertos.
En cuanto a escenas del film se refiere, me quedo con dos. Esa entrada triunfal multi-color de la familia al funeral de su madre y la escena final, el apacible desayuno de la familia en silencio, un perfecto momento de estabilidad existencial, poco antes de que unas campanitas introduzcan a Kirk Ross cantando “I Shall Be Released”. En fin, una buena película que logra encajar denuncia, debate, entretenimiento, y sonrisas incluso.



"No se trata de perpetuar o elaborar una determinada imagen del hombre, sino primeramente de mantener abierto el horizonte de las posibilidad, horizonte que en el caso del hombre viene dado como tal con la existencia de la especie"  - Hans Jonas
"En cada niño que nace la humanidad da comienzo un nuevo frente a la muerte y, por tanto, entra en juego la responsabilidad por la continuidad del hombre, [...] En él queda ejemplarmente mostrado que el lugar propio de la responsabilidad es el ser que se sumerge en el devenir, el ser abandonado a la fugacidad y amenazado de destrucción"  - Hans Jonas
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lunes, 19 de diciembre de 2016


"Una vez que los últimos restos de las últimas estrellas se hayan finalmente descompuesto en la nada y una vez que todo alcance la misma temperatura, la historia de nuestro universo llegará a su final. Se conoce como la muerte térmica del universo. Un edad donde el cosmos será inmenso, vacío y desolado para siempre."  - Brian Cox

EL APAGÓN DEFINITIVO
(hacia la fría y oscura eternidad)

Cada vez que opino sobre cosmología o física cuántica me pregunto si tengo alguna garantía para que se me lea en confianza, ya que mis conocimientos en ciencia son bien reducidos en comparación de los tantos y cada vez más avezados diletantes que profundizan en este género, todos ellos, los cuales, tampoco es que estén libres de incertidumbres y dudas, los muy pobres. Hay mucha información en Internet pero no resuelve con facilidad determinadas cuestiones. Por otra parte está el tema de las matemáticas que parece haberse convertido en el lenguaje principal de la física pero que pocos dominan. Aunque también está el hecho de que la mente nos pide un poco de coherencia con lo que nos toca vivir directamente, eso que se rige por la conciencia y los sentidos. Me refiero al sentido común, porque parece que el tema se pone cada vez más enmarañado y abstracto. Pues bien, el otro día viendo un documental sobre cosmología de la BBC, concretamente el titulado “Destiny” de la serie “Wonders of the Universe” me quedé con una sensación desasosegante, bien triste, porque todo parece estar sentenciado a morir, lo que se dice morir, morir. Sin ilusiones de que algo nuevo pueda surgir después, ni metamorfosis cosmológícas, ni cambios de rumbo, ni reencarnaciones, ni cualquier otro asunto con el que podamos especular.
En el documental, el presentador, Brian Cox, nos lleva desde los inicios conocidos del universo; el estallido inflacionario del Big Bang.  Desde esa inimaginable fracción espacio temporal, calculada hasta ahora de 10-43 de segundo, (primer reto a la imaginación) hasta el final “irreversible” del universo entero. Quiero aclarar algo muy peculiar sobre el Big Bang. La mayoría tiende a pensar que el estallido es algo así como una bomba que al estallar lanza al aire toda su materia condensada. No es así. Una inflación implica que los componentes son los que crean el tiempo y el espacio al ir separándose. No hay un borde espacial en el cual unos están más lejos del centro y otros más cerca de la periferia. Esto significa que pongas donde te pongas en el espacio todos sus puntos son casi equidistantes respecto al resto, que mires a donde mires, estés donde estés, te hallas siempre en el centro. Tan raro como te suene, así es cómo nos lo presenta la física. A medida que el universo se va inflando, las galaxias, estrellas y toda materia que se formó, desde hace unos 4.500 millones de años, van marcando espacio, se van separando con el tiempo.
Puestos en este presente año sabemos cómo hemos llegado hasta aquí, si bien no desde el mismísimo principio, (suponiendo que lo haya) sí sabemos cómo se ha ido construyendo nuestro planeta y sus seres, incluidos nosotros. Mediante un anclaje variado de átomos que crean moléculas complejas hasta llegar a las células con la propiedad de poder duplicarse por sí mismas se llega a la Vida. Todos los elementos que nos forman provienen de las calderas nucleares de las estrellas. Cuando a las estrellas les empieza a faltar hidrógeno y el helio comienza a dominar en porcentaje, elementos más pesados se van formando, esto es, átomos con mayor cantidad de electrones. Las estrellas entonces no aguantan su proceso termo-nuclear y pierden su equilibrio,  por lo que acaban inflándose, convirtiéndose en gigantes rojas que al poco revientan escupiendo cenizas al espacio, que no es otra cosa que polvo con el que luego se formarán nebulosas, que forzadas por la gravedad irán formando planetas. A nuestra estrella más cercana, el Sol, le quedan unos mil millones de años para que se le vaya acabando el combustible, y dentro de unos seis mil años acabará por reventar. Ni que decir tiene, que el planeta Tierra acabará incinerado. Qué pena no verlo.
Hasta aquí todo va bien, no te creas. Las matemáticas y las medidas constatadas por la observación así lo confirman. Nos dicen además, que las galaxias se alejan unas de otras a un ritmo de 792 mil kilómetros por hora…., (y mira tú que parecíamos estar parados). La fuerza más débil de las cuatro conocidas que gobiernan en el universo, la gravedad (las otras son la nuclear fuerte, la débil y el electromagnetismo) actúa a mayor escala que ninguna otra y determina en gran medida el futuro del universo según y dependiendo también de la cantidad de materia que haya contenida en él. Esto no se sabe del todo bien porque mucha de esa materia parece estar escondida en la oscuridad y determinar su densidad se vuelve complicado. Con todo, se barajan varias hipótesis acerca del final de los elementos que componen el universo, y en este caso Brian Cox parece declinarse por aquella teoría más plausible, por la de mayor cantidad de datos existentes a su favor, y que no deja de ser, irónicamente, la más tenebrosa. Digo irónicamente porque desde que la ciencia es ciencia, empírica, pragmática, reveladora de los escondidos entresijos dinámicos que nos forman, no ha dejado ni por un momento de poner a la condición humana como algo precario, frágil, absurdo, surrealista e incluso estúpido. Y esta teoría futura de la inflación cosmológica nos deja de nuevo perdidos en el espacio.
Tras el cataclismo solar que barrerá el planeta Tierra de la Via Láctea, las galaxias se irán alejando unas de otras y su luz tardará mucho más tiempo en alcanzar las miradas de quienes puedan existir en cualquier otro planeta. Al ir expandiéndose todo, el frio se hará más considerable y llegará un tiempo, por muy alejado que nos parezca, (y aquí hablamos de billones de billones de billones de billones de años), que todo quedará difuminado hasta el punto de evaporarse en la nada. Ni siquiera la luz, sus fotones, servirán de algo. Será el gran apagón y la eternidad más insustancial prevalecerá infinitamente. Es la flecha del tiempo. Son las leyes de la termodinámica.  
Alguno se preguntará que por qué inquietarse ante semejante escenario si al fin y al cabo cada cual no llegará a vivir más de cien años. Que es, por otra parte, una infinitesimal y ridícula parte de la vasta edad histórica que presenta el universo. Pues bien, a mí sí me inquieta. Porque si alguna vez he mantenido esperanzas de volver al mundo ha sido en cierta manera conjugando el infinito y las perennes transformaciones de cuanta sustancia alberga el universo, sea energía o materia, en combinación con los sueños, algo mejor se podría formar. Otra vida distinta, algo que nos redima de haber vivido con tan mala suerte esta que tenemos.
Hay una voluntad implícita en todo ser vivo de seguir vivo y trascender, sea como sea. La muerte puede que sea irreversible, pero no la queremos y eso conlleva un significado especial, extraordinario dentro del panorama absurdo al que a menudo nos somete la vida. Si algo nos mueve, si por algo hay simbiosis entre nosotros y el todo que nos rodea es porque huimos de algo nefasto que nos acosa constantemente; la muerte. Por el contrario, la creatividad nos impele a trazar rutas, salidas por las que huir para continuar existiendo, para seguir viviendo. Vamos hacia adelante en busca de una mejor posición humana en este cosmos. Queremos asentar un idealismo que nos mantenga más vivos y saludables que antes. Contamos con el amor, la belleza, la ensoñación, la inventiva, el querer. Hemos venido a ser felices, y en eso estamos, por muy difícil que nos parezca cómo conseguirlo y por muy mal que nos haya ido hasta ahora.
¿Caben aún esperanzas de sobrevivir dentro de la agorera clarividencia que anuncian los científicos? Para empezar, faltan por confirmar muchos datos que se presentan al observar nuevos acontecimientos que surgen en el espacio (sea de la medida que sea), que son de vital importancia para el desarrollo legible del universo. Empezando por saber la densidad contenida en él. La relatividad de Einstein sigue sin casar con la física cuántica. De la nada, dicen, brotan partículas virtuales que fluctúan animadas por tan sólo billonésimas de segundo. (¿cómo, qué, por qué?) Las singularidades de los agujeros negros siguen siendo un misterio. No solamente no lo sabemos todo sino que exponencialmente se sabe menos cuanto más se sabe. ¿A qué atenernos pues?  La matemáticas predicen multiversos, billones de ellos distintos a este, con otras leyes físicas diferentes. Las fórmulas funcionan mejor cuando se les añaden nuevas dimensiones. ¿No acabaremos volviéndonos locos? ¿Nos entra en la cabeza la idea de un definitivo principio originario? ¿Acaso el final, ese “big freeze” no nos devolvería a un estado de simetría perfecta como lo era el universo en su edad primigenia? ¿Por qué tenemos el privilegio de ser los únicos en el universo para entender esto justo ahora? ¿Cómo no caer en la mística?
No es por puro capricho que uno se quede con el asombro, la extrañeza, que de alguno modo la fe se quede fija siempre en el vacío que las dudas abren para edificar nuevas esperanzas, otros mundos oníricos. Hace cien años poco de esto era imaginable, dentro de otros cien años nada de esto prevalecerá, otra nueva verdad vendrá a desencajar nuestro conocimiento actual. Natura naturans, Natura naturata.  - AllendeAran

"Respecto al periodo de vida del universo medido desde su comienzo hasta la evaporación del último agujero negro la vida como la conocemos es sólo posible durante una billonésima de billonésima de billonésima de billonésima de billonésima de billonésima de billonésima parte. Por ello, para mí, la maravilla más asombrosa del universo no es una estrella, un planeta o una galaxia. No es una cosa. Es un instante de tiempo. Y ese tiempo es ahora."  - Brian Cox

"Tras un inimaginable periodo de tiempo hasta los agujeros negros se evaporarán y el universo no será más que un mar de fotones tendiendo gradualmente hacia una misma temperatura conforme la expansión del universo los enfría hasta el cero absoluto. Y digo en serio lo de "inimaginable periodo de tiempo". Son 10.000 billones de billones de billones de billones de billones de billones de billones de billones de años. ¿Cómo de grande es ese número? Si contara cada átomo como un año, no habría átomos suficientes en todo el universo ni para acercarme a ese número."  - Brian Cox

"Respecto al periodo de vida del universo medido desde su comienzo hasta la evaporación del último agujero negro la vida tal como la conocemos es solo posible durante una billonésima de billonésima de billonésima de billonésima de billonésima de billonésima de billonésima parte."- Brian Cox
"Igual que nosotros, y toda vida en la Tierra presente en este diminuto punto a la deriva en el espacio infinito, la vida en el universo solo existirá durante un breve y brillante periodo de tiempo porque la vida, como las estrellas, planetas y galaxias no es más que una estructura temporal en el largo recorrido desde el orden hacia el desorden."  - Brian Cox
¿Seguro que no hay nada? Siempre te quedará el polvo de la pantalla. Fluctuaciones cuánticas, que diría alguno. ;-)
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viernes, 25 de noviembre de 2016

"El objetivo del conocimiento, escribía Hegel, es despojar al mundo objetivo de su extrañeza y hacernos sentir más cómodos en él. Hombres diferentes hallan sus mentes más cómodas en fragmentos muy diferentes del mundo."  - William James 

SÓLO HAY UN MUNDO
(EL MIO)
Sólo hay un mundo, el mío. La conciencia, aquello que se piensa y el yo analiza y dirige con ciertos propósitos, parece ser el principio y fin de todo. ¿Qué hay más allá de cuanto mi conciencia sabe? Nada. La nada es ignorancia, vacío, si algo no sé ese algo no existe. ¿Cuál es el principio de esta existencia? Ahora ¿Cómo se originó la conciencia? Ahora. Sólo hay un origen, centro de inflexión que conoce, que emprende el camino a sabiendas de querer saber, punzado por la curiosidad y la necesidad, un epicentro que sabe que sabe, el presente. Conciencia es lo único que nos queda. Todo lo demás converge alrededor, y es tan real como la conciencia quiera otorgarle ese grado de importancia. Lo real dura lo que los sentidos tarden en aprehenderlo, el tiempo en que la conciencia lo tenga claro. La vivencia se convierte así, inmediatamente, en pensamiento.  Puede haber muchos mundos, lo damos por sentado que los hay, pero el mío es el que cuenta. Puede haber un solo mundo, la ciencia y la razón así lo confieren, pero el mío es el que importa. Por mucho que queramos huir de este galimatías, está aquí encerrado, en uno mismo, y si te preguntaran en que crees más, si en tu forma de ver las cosas o cómo son las cosas en verdad, sabes que lo uno sin lo otro no se mantienen, que la conciencia eres tú y que tú eres lo que la realidad te ofrece, casas, arboles, estrellas, una pared, o el suelo que pisas.
La ciencia, principalmente la física, no quiere entrometerse demasiado con lo que la conciencia pueda ser o significar. Lo encuentran como un tema caprichoso, del gusto ambiguo  de la filosofía, una molestia inútil que no resuelve los conflictos que la misma conciencia plantea acerca de la composición y acción del mundo en que vivimos. Y tiene razón, porque si la ciencia prestara atención a las demandas que cada ser plantea en su particular forma de ver las cosas, habría que inventar una formula científica distinta para cada uno. Así, tenemos un mundo ajustado a unas pocas fórmulas científicas que nos pone a todos de acuerdo con lo que hay ahí afuera pero en desacuerdo con los gustos,vivencias y preferencias que cada cual conlleva a escondidas. Es razonable que sepamos sacarle partido a las matemáticas pero el misterio del enamoramiento, por ejemplo, nos inquieta tanto o más en la cabeza como la curiosidad por entender la teoría de la relatividad. Para el instinto, o el subconsciente, o el misticismo, o la libido, o la belleza, cuanto nos causa alegría o pena, no hay  fórmulas, y sin embargo son parte fundamental de la vida como pueda serlo la materia. Tú crees que no hay desacuerdo en esto pero yo te digo que el conocimiento de hoy en día valora más el saber de las ciencias exactas que el indeterminado mundo de los sentimientos. Vete a una escuela y comprueba lo que enseñan.
Pero hay más. Durante millones de años los dinosaurios reinaron sobre este planeta, de eso hace unos 200 millones años, y esto está confirmando hace unos doscientos años escasos. Jamás un hombre de la Edad Media, pongo por caso, llegó a pensar que hubo reptiles espantosos que en nada se parecen a los animales de nuestra era. ¿Cómo va creciendo el tiempo en nuestra conciencia y cómo se expande ese conocimiento? A base de descubrir, a base de prestar atención a la curiosidad que busca acrecentar la realidad de un supuesto yo, inquieto por entender su existencia mediante el dónde, el porqué,  o el cuándo. El epicentro de todo acontecimiento no está en el pasado, sino en el presente, cuando la conciencia decide partir en busca de una identidad. A esto lo llamamos saber y esto sólo puede suceder ahora. Si hacemos caso a las reglas de nuestra conciencia no podemos determinar la realidad de las cosas sino desde el presente. Damos por sentado que hay una historia que nos corresponde, una creación mecánica o aleatoria que nos forma desde la gran explosión, hace unos trece mil millones de años, pero eso sólo acontece cuando la conciencia los busca en los anales aprendidos en la mente.  ¿Se puede juzgar a nuestros antepasados de ignorantes por no haber sabido de cosmología? ¿Qué no saben los grandes eruditos de hoy de lo que en el futuro se sabrá respecto al pasado? Entonces, todo aquello que aún no se conoce, ¿en qué medida existe?
Llegados a este punto uno podría pensar que la conciencia estuvo aquí antes de que el juego casual de átomos y moléculas edificaran al ser humano. Es a lo que voy. Es como si la mente lo hubiera construido todo desde que la interrogación surgió en la conciencia y nada pudo haber habido antes. No sé sabe bien quien fue el primero en preguntarse qué para que se expandiera el universo. Debería importarme, si acaso, mi primer recuerdo de la infancia porque, ahí, justo ahí, empezó todo para mí. Pero el punto central del que converge todo pensar sigue siendo el ahora, del cual no podemos escapar. El presente ata los vínculos del pasado. La vida del que sabe de esto no vale menos que la vida del que sabe de eso otro. No me cabe en la cabeza que mi vida sea incompleta, estéril, por no saber cuál es la singularidad que se da en el centro de los agujeros negros, pongo por caso, porque para mí hay muchos otros enigmas irresolubles de vital importancia. Saber, se ha convertido en un viaje al infinito y en todas direcciones, (igual que la luz), y poseer ese infinito es imposible. De momento sólo podemos conformarnos con cachos. Que cada cual elija el suyo y lo saboree a gusto. Esa sería la única medida de conocimiento válida, la que cada uno le otorgue a su existencia.
Pretender que hay una teoría del todo encajada en una elegante fórmula matemática es, cuanto menos, patético. La vida personal se compone de múltiples factores que la ciencia materialista no puede arrinconar porque no se ajustan a fórmulas deterministas.  Con esto no quiero desvalorizar la tarea de los científicos, para nada. Su quehacer es tan maravilloso, tan entretenido como lo pueda ser la devoción hacia el arte, la filosofía o el cortejo amoroso. Aquí lo que prima es lo que el yo quiera armonizar para mí dentro de la infinita pluralidad que el mundo procura. Se trata de ejercitar el ser hacia una mayor amplitud existencial, darle una fiabilidad trascendental más allá de la precariedad temporal.  No son el tedio y la melancolía enfermedades del alma sino estímulos para que uno se ejercite en la creatividad, en el recreo placentero de conocer, de saber para crecer. Pero sólo la conciencia dictamina el valor del conocimiento y ese valor no es el mismo para todos. Con esto quiero demandar que la importancia de la vida reside en lo que personalmente compete a cada uno y esto no se puede abarcar dentro de la perspectiva científicamente exacta, no de momento, y que por mucho que los científicos se empeñen en desentrañar los secretos del universo, desde lo más grande a lo más pequeño, siempre les quedará una asignatura pendiente, la de mi propia vida.  - AllendeAran


"¿Por qué si la visión total del absoluto es tan racional, fue necesario triturarla en todas estas visiones fragmentarias coexistentes?" -  William James
 "Según vamos adquiriendo conocimiento, las cosas no se hacen más comprensibles, sino más misteriosas."  - Albert Schweitzer

"Todo fin, razón, motivo, objeto de deseo o aversión, causa de pena o alegría que sintamos, pertenece al mundo de la multiplicidad finita, ya que solo en ese mundo ocurre realmente algo, solo allí se producen los acontecimientos."  - William James
"Digamos que hay muchos hechos; pero como sobre la base de los principios idealistas los hechos existen sólo al ser conocidos, los múltiples hechos implicarán por tanto múltiples conocedores."  - William James
"El método conceptual es una transformación que el flujo de vida sufre en nuestras manos, esencialmente en provecho de la práctica, y sólo de manera subordinada en provecho de la teoría."  - William James
"Si, como metafísicos, tenemos más curiosidad por la naturaleza interior de la realidad o por lo que realmente la hace andar, debemos volver la espalda completamente a nuestros conceptos alados, y enterrarnos en la densidad de aquellos momentos pasajeros sobre cuya superficie estos vuelan, y sobre puntos particulares en los cuales ocasionalmente descansan y se posan."  - William James

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